Carolina, la salvadora de Rijeka

Carolina, la salvadora de Rijeka

Pocas son las ciudades del mundo que puedan vanagloriarse del hecho que uno de los personajes más importantes de su historia era una dama.

 

Karolina Belinić (de soltera Kranjec), más conocida como Carolina de Rijeka, con su heroísmo mereció la gratitud de sus conciudadanos quienes, aún hoy, cuando hablan de ella, son llenos de gran orgullo.

 

La leyenda de Carolina empieza durante las guerras de Napoleón, cuando a la ciudad, que era gobernada por los franceses, le amenazaba la devastación británica. El 3 de julio de 1813 frente a Rijeka llegaron las naves de la flota británica. Al principio los habitantes de Rijeka no veían nada mal, con curiosidad miraban a los veleros acercándose. Pero cuando oyeron el primero tiro de cañón desde los buques poderosos, el pequeño grupo de soldados que defendía la ciudad de pronto era amordazada y 600 soldados británicos se pusieron a atacar.

La gente asustada huyó, así como el resto de los soldados, mientras que los británicos empezaron a encender las naves ancladas en el puerto en Fiumara. De repente, en el humo y en las llamas que lamían las naves sin merced, apareció Karolina Belinić, 22 años de edad.

Una dama vale más que cien cañones

Llevando un vestido elegante negro que mostraba su escote, marchaba calma y segura de sí misma como si tuviera una misión. En pocos ratos llegó hasta las fuerzas británicas, pidiéndoles la conversación con su capitán. La tradición popular dice que la hermosa habitante de Rijeka fue llevada a la nave de almirante, donde con sus encantos femeninos logró convencer al capitán del ejército británico que la devastación de la ciudad no era necesaria.

 

Por otra parte, según los documentos históricos, Karolina era hija de Franjeo Kranjec, el capitán y comerciante de Rijeka, y, lo que es importante para esta historia, el vicecónsul británico del Litoral húngaro de 1797 a 1806 y su hijo Ignacio heredó su función. Se cree que Carolina aprovechó el círculo de contactos diplomáticos para negociar con los británicos y salvar Rijeka.

 

Sus conciudadanos no se olvidaron de su heroísmo y en 1829 las autoridades de la ciudad le entregaron el reconocimiento oficial. Hoy en día su nombre es llevado por el muelle en el centro del puerto y un recuerdo de su misión heroica es la bola del cañón en la pared de la fachada de la catedral de San Vid, con un mensaje interesante: «Esta fruta fue enviada por Inglaterra cuando quiso expulsar de aquí a los galos» Gracias a Carolina de Rijeka, esta «fruto» no llegaba más a Rijeka.