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Bura – La teatrera

Bura – La teatrera

El bura es el viento más rabioso de la costa oriental del Adriático. Justifica de sobra los adjetivos extremos con los que habitualmente le califican, ya que se desata de repente y en seguida gana fuerza, siempre soplando a rachas y en un amplio abanico de direcciones, desde el norte (parecido entonces a la tramontana) hasta casi el este, cuando viene desde un cuadrante cercano al del siroco.

 

Todo manual de practicaje y navegación incluye el registro de aquellos lugares donde el bura alcanza su fuerza máxima, dato a tener muy en cuenta al zarpar. Por suerte para los navegantes, sobre todo los que salen al mar a bordo de veleros, la bura invernal con sus ráfagas de hasta 250 km/h (registrados en Masleničko ždrilo) tiene un rostro más suave y menos desapacible en verano.

 

A diferencia del invierno, en verano es raro que el bura dure más de tres días, de modo que proporciona a las tripulaciones experimentadas una veloz navegación deportiva, cargada de adrenalina. No obstante, se recomienda a navegantes sin experiencia esperar hasta que la intensidad del viento afloje. Tanto unos como otros, así como las embarcaciones a motor, deben tener en cuenta las siguientes características del bura y las correspondientes pautas de comportamiento.

 

Si se navega cerca de la costa continental, al pie de las cadenas montañosas tras las que nace el bura, conviene recordar que éste se precipita siguiendo la configuración del terreno. Cuando hay en la orilla una cala relativamente grande, con el monte que se eleva sobre ella en forma de embudo o V, es justo por el medio, entre las dos colinas, donde el bura adquiere su máxima velocidad. Si se navega hacia una de estas calas desde el noroeste, el viento primero alcanzará de lleno la proa, una vez delante de la cala soplará desde el costado, y pasada la cala, de repente golpeará en plena popa.

 

Es fácil apreciar como el bura se extiende en forma de abanico desde cada uno de estos entrantes del mar. Cuanto más grande la cala, más amplia es esa gama de direcciones desde las que sopla. Y cuanto más nos alejamos del continente, más uniforme se vuelve la dirección del viento, soplando ahora desde la costa hacia el mar abierto. Las olas entonces se vuelven más grandes pero también más regulares. Esta forma de soplar del viento parecida a un abanico, aunque de manera algo menos intensa, puede experimentarse incluso cuando uno se cree protegido por una segunda o incluso tercera fila de islas (Kornati, Hvar…). En otras palabras, si existe un valle en forma de embudo sobre un lugar aparentemente propicio para echar el ancla, es aquí donde el bura será más fuerte que en zonas con diferente configuración de terreno. El segundo y el tercer día de viento algunas aguas se vuelven extremadamente difíciles para la navegación, no sólo por la intensidad del bura, sino también por los choques de las corrientes marítimas contrarias a la dirección del viento o por los cambios repentinos de la profundidad del mar.

 

 

La zona entre las islas de Krk y Rab es conocida por su fuerte bura (el llamado bura de Senj que aquí sopla es uno de las más fuertes del Adriático), al igual que las aguas al sureste de Ilovik hacia Silba y Premuda, donde los choques entre el viento y las corrientes del canal provocan un gran oleaje. También al sureste de la isla de Silba el mar puede estar muy picado, con olas de diferente dirección, porque aquí el bura de Senj choca contra el de Paška rebra, que irrumpe por los pasos del continente y al sureste de la punta de la isla. En el mar poco profundo de la bahía de Pirovac y hasta la isla de Vrgada, el bura es muy fuerte pero sin gran oleaje, tan sólo con olas cortas cargadas de espuma que se eleva sobre el mar.

 

El bura de Šibenik es tan fuerte que llega lejos al mar abierto, provocando un alto oleaje junto a la orilla septentrional de la isla de Vis y en el canal de Vis. El bura de Vrulje, que sopla en una zona amplia alcanzando Split y las aguas al sur de Makarska, se vuelve muy peligroso en las costas de las islas de Brač y Hvar, y golpea con furia también en el canal que separa estas dos islas. El bura de Pelješac, el de Konavle y el que se desata desde Boka kotorska también se han ganado “fama” entre los tipos locales de este viento, que parte desde el norte del Adriático en la Bahía de Trieste.

 

El bura tiene una dinámica nocturna y diurna estable, soplando con mayor fuerza desde el atardecer hasta la mañana. Entonces mengua un poco y alcanza su punto más débil sobre el mediodía y en las siguientes dos o tres horas. ("Se va a comer“, dicen). Este breve respiro proporciona la oportunidad ideal para la navegación a todos los que prefieren evitar viento fuerte y mar picada, pero desean trasladarse a un lugar mejor protegido o simplemente cambiar de entorno.

 

Dicen que el bura es un viento saludable que refresca y purifica el aire. Además, las pequeñas gotas de mar que gracias a él penetran en el interior de las islas actúan como un verdadero desinfectante. Por añadidura, la sal depositada en la hierba que pastan las ovejas aporta un aroma especial a su carne y leche, de modo que hemos de agradecer al bura el hecho de que la isla de Pag sea célebre por su queso y cordero, algo que comparten también las otras islas en las que se cría ganado ovino. Asimismo, el bura tiene mucho mérito en la producción de otra especialidad local, el jamón que se cura al viento tanto en Dalmacia como en Istria.