Korčula, ciudad natal de Marco Polo, establecida sobre los cimientos de una colonia griega, es la sede histórica y turística de la mayor de las islas del área de Dubrovnik.
Se singulariza por su entramado de calles en forma de pescado y sus conservadas construcciones gótico-renacentistas. Entre ellas se distingue la catedral de San Marcos, por sus ricos interiores, en los que se guardan las obras de grandes pintores italianos.
Los habitantes cuidan sus tradiciones en manifestaciones como los Juegos caballerescos medievales Moreška, que se desarrolla por las calles de la ciudad. Su saludable cocina mediterránea es un reto para el paladar de los más exigentes comensales. Los vinos locales de Korčula: Grk, Pošip, Plavac y Rukatac se adhieren perfectamente a los obsequios marinos (moluscos, pescado, marisco) y a la sabrosa repostería (cukarin, dubrovačka rozata y klašun).
Próximo a la ciudad de Korčula se encuentra un archipiélago de una veintena de islotes de paisajes de frondosa vegetación y una costa al alcance. Entre estos se encuentra Badija, islote un poco más grande con playas de gravilla y un precioso monasterio franciscano.
Ya desde los tiempos en que el avezado navegante Marko Polo salió de su Korcula natal, la pequeña y caballeresca ciudad se fue desarrollando como una especie de escultura urbana en piedra de formas rectilíneas. Esta isla del archipiélago de Dubrovnik se ha conservado perfectamente hasta nuestos días, al igual que su rica historia (la casa natal de Marko Polo aún existe en la ciudad y puede ser visitada). Lo curioso de la ciudad es su arquitectura. Sus autores querían que las calles, construidas según el modelo de “esqueleto de pescado”, estuvieran en todo momento de la mañana o de la tarde bañadas por el sol, pero no durante las horas de la canícula diruna.
Según dicen, la isla de Korčula, es la isla con el mayor número de leyendas y monumentos. Además de las islas de Lokrum y Mljet, la isla de Korčula es la isla con la mayor extensión de bosques de Croacia.